jueves, 16 de febrero de 2017

Autorol de Varus (Expansión del lore)

Gracias a su incomparable habilidad con el arco y a su incuestionable sentido del honor, Varus fue nombrado guardián de un templo sagrado de los Jonios. Dicho templo había sido construido para contener un foso de corrupción tan maléfico que los ancianos jonios temían que pudiese llegar a cubrir de oscuridad a toda la isla. Varus se enorgullecía de su posición, ya que sólo los guerreros jonios más excepcionales alcanzaban un puesto semejante. Vivía con su familia en una aldea cercana y llevaba una vida tranquila y rutinaria, hasta el día en que las fuerzas de Noxus invadieron Jonia. Sus tropas de asalto no dejaron más que muerte y desolación a su paso, y el templo estaba en medio de su camino. Varus se vio obligado a tomar una decisión. El honor le obligaba a quedarse y defender el templo, pero sin él los pocos habitantes de la aldea no podrían resistir ante la maquinaria de guerra que se cernía sobre ellos. Tomó la difícil decisión de cumplir su papel como guardián. No podía permitir que la corrupción se liberase.
Sus flechas acabaron con las tropas que intentaron aquel día adentrarse en el templo. Sin embargo, al volver a la aldea descubrió que esta había sido reducida a poco más que un cementerio en llamas. La pena se apoderó de él al ver a su familia muerta, seguida de un profundo arrepentimiento y de un odio intenso. Juró matar a todo invasor noxiano, pero antes tendría que hacerse más fuerte. Se giró hacia aquello por cuya protección lo había sacrificado todo. El foso de corrupción lo consumiría completamente, igual que una llama devora la mecha, pero su abominable poder ardería en su interior hasta que el antiguo Varus desapareció. Era un camino sin retorno. Con una sombría resolución, se condenó a sí mismo con las llamas oscuras, sintiendo cómo la energía malvada se adhería a su piel... y, con ella, la promesa de la destrucción. Partió en busca de la sangre de todos los noxianos que participaran en la invasión, una tarea espeluznante que, con el tiempo, le llevaría hasta los responsables más importantes de la invasión. 

Tras años y años, de múltiples atentados y muertos en su espalda, volvió a Ionia, no se sentía satisfecho, pero en todo Noxus temían su nombre, fue a su pueblo, destruido, donde antes había bullicio, charlas entre vecinos y niños correteando, hoy tan sólo quedaban ruinas, sin un alma en aquel lugar, tan sólo el cantar de un pájaro, penando por tal pérdida, Varus paseó por las antiguas calles, mirando cada casa, cada habitación, cada rincón, no sabía el por qué, pensaba que a lo mejor, quedaba alguien, algún pobre que no encontraba otro refugio, pero no quedaba nadie, tan sólo el polvo y la piedra, que recordaba los últimos  de una historia, destruida por los noxianos. Cuando paso por delante de su casa, no pudo oprimir unas lágrimas, Varus pensó en su familia,en su vida, en como todo se convirtió en ceniza. 

De repente, se escuchó una voz calmada y un poco gangosa:  

-Varus, no llores, pues pasaron a mejor vida, Varus, no odies, pues con el odio tan solo aumentas su ego, Varus, no te vengues, pues con tu venganza no estarás satisfecho.

Varus buscó con la mirada de donde provenía esa voz, cuando mira hacia las montañas, encontró a un señor con una avanzada edad, pelo canoso y arrugas, sentado sobre una piedra, con los ojos cerrado y con la cabeza alta.

-¿Te vas a quedar ahí mirando, o vas a subir?

Varus vaciló un poco antes de subir arriba, pero no parecía que me fuese a hacer daño, aparte soy más fuerte que un vejestorio ¿no?

Al llegar hacia el anciano le pregunto:
-¿ Por qué te vengas Varus?

Intentando contener las lagrimas respondió:
- Por todo el daño que me hicieron, por destrozarme la vida, por... acabar con toda la gente que quería-

No pudo aguantar más y se echó a llorar.

-No llores joven Varus, pues esta llorando de rabia, no de tristeza, no llores joven Varus, pues tus lágrimas no resolverán nada, no llores joven Varus, porque aumentas tu odio al sentirte débil.

Paró de llorar, y aquel señor siguió hablando:

-Joven Varus, así no arreglaras nada, tan sólo has causado más dolor, si quieres sentirte bien contigo mismo, deberás perdonarlos, y entonces te perdonarás a ti mismo.

-Pe-pero como, no soy capaz, si cierro los ojos, veo mi pueblo arrasado, mi familia muerta, mis recuerdos, desaparecidos.

-Joven Varus, tu lo que necesitas es la meditación, te estaré esperando en la cima de aquella montaña, si en lo que queda de día no te presentas, pensaré que rechazaste mi oferta, y volveré a mi hogar, si te presentas, empezará tu entrenamiento.

Varus se volvió, no sabía si iría o no, sería verdad lo que dijo, reflexionando se le pasaron las horas, y por fin tomó una decisión. Escaló la montaña, y en la cima encontró al anciano.

-Por fin joven Varus, pensé que nunca vendrías, ¿Listo para tu entrenamiento?

Varus asintió.

Tras tres largos años de duro entrenamiento, Varus volvió a su pueblo, ahora totalmente reconstruido, al igual que él, ya no odiaba a los noxianos, ya puede aguantar su ira, pero todo aguante tiene un límite ¿no?